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Todas las palabras de Manuel António Pina




a Geraudí y Audilia;
 a las familias Da Silva y Sandoval,
a los gentiles amigos de São Brás.

Su muerte prematura en un hospital de Oporto coincidió con la publicación de Todas as palavras (2012), tomo definitivo de su poesía reunida. Presumo que los avisos de una grave enfermedad apresuraron su aparición, como balance final y testamento. Diez títulos se distribuyen en este libro, que arranca con un volumen de título extenso, publicado en 1974: Ainda não é o fim nem o princípio do Mundo, calma é apenas um pouco tarde (Todavía no es el fin ni el principio del mundo, calma es apenas un poco tarde).

Los mecanismos editoriales para acceder a una traducción son caprichosos, lentos en su mayoría. Casi siempre lo más nuevo llega tarde (o nunca llega), y para leer lo antiguo debemos echar mano de lo que haya disponible y conformarnos con eso. Por la cercanía, sospecho que este libro aún no circula en castellano. La edición portuguesa está a cargo de Assírio & Alvim, el mismo sello editorial que publica a Fernando Pessoa en tierras lusitanas. Compré el tomo en la Livraria Caravana de Loulé, con la expectativa de leerlo dignamente en su lengua original y ensayar algunas versiones en nuestro idioma. Este fue el único libro que adquirí durante ese viaje familiar. De allí el emotivo valor que ahora recobra, cuando escribo estas líneas que bien pueden servir como pequeño homenaje al poeta Manuel António Pina y al benigno frío louletano, a sus calles empedradas, a la luna enorme, al hermoso mercado, a quienes compartieron habas con chorizo, vino artesanal y aguardiente de figo.

Manuel António Pina nació en la ciudad de Sabugal, Portugal, en 1943. Además de ser poeta y dramaturgo, ejerció el periodismo y obtuvo el título de abogado en la Universidad de Coimbra en 1971 (esta última profesión me hace recordar a Eugenio Montejo y Teófilo Tortolero, quienes alguna vez ejercieron la abogacía pero no fue centro de sus inquietudes intelectuales). Pina dedicó gran parte de su esmero creativo a la literatura infantil y juvenil. Esta faceta fue particularmente prolífica, tanto como su producción poética. En el 2011 recibió el Premio Camões, y así se reconoció su trayectoria con el mayor galardón que puede aspirar un escritor en lengua portuguesa.

Hace dos años, sin mayor conocimiento del idioma, intenté leer uno de los textos. Se trataba de “Junto à agua”, incluido en Um sítio onde pousar a cabeça (1991). Por la cercanía fonética con el español pude apreciar el motivo que da movilidad al poema. Y ahora, con el texto traducido, compruebo que no estaba tan equivocado. El lenguaje es sobrio y directo, lo cual facilita, en cierta forma, la lectura en su totalidad. Pero esa misma sencillez expresiva y descriptiva tiende un puente más complejo, en el cual transitan los dilemas más recurrentes del hombre moderno: el temor al extravío urbano, la búsqueda de los paisajes olvidados de la infancia y la aparición irremediable de la muerte. “Agora só quero dormir um sono sem olhos”, escribe Pina en la estrofa cuatro, y así resume el transitar errante de ciertas voces (o malestares) que siempre permanecen. El poeta asimiló los anuncios de la despedida física con actitud estoica. Así lo expresó en una entrevista: “La muerte también es una madre, es maternal, es un sosiego. Se sale del vientre de la madre y se entra al vientre de la tierra”. En esa constante reflexión, específicamente en los predios del poema, obtuvo una tregua con la muerte, una tregua que logró vencer  la debilidad corporal pero no la escritura. 



La trama amorosa también forma parte de las predilecciones de nuestro poeta. Lo atestiguamos en el poema “Agora é”, en el que cierta sobriedad y contención van moldeando las intenciones de un amor hecho con presencias y separaciones. He aquí un fragmento: “Ahora estamos mezclados/ en medio de nosotros ya no cabe el amor”. En “Os gatos”, una especial admiración se deja entrever en sus composiciones. El desplazamiento pretensioso del animal es un acercamiento alegórico que sobrepasa la llaneza del motivo. Este poema de Pina y su inclinación por los felinos se asemeja, en cierta forma,  a “El tigre” de William Blake, a la dignidad esquiva y aristócrata que se pasea por la casa y otros espacios insospechados.

Manuel António Pina cree en el poder prometeico de las palabras, su poder ancestral de congregación y comunión. La palabra que se eleva a un estado mayor de significación y asciende a instancias arquetípicas. De ello da testimonio en el título de su poesía reunida y en sus poemas y entrevistas (“A palavra também é arquétipo da própria natureza humana”).

Trato de recordar mi primer acercamiento a la poesía portuguesa, o para ser más preciso, en lengua portuguesa. Escarbo en ese pliegue confuso de recuerdos y aparece Muro en lo blanco, de Eugenio de Andrade. Casi simultáneamente llega la escritura heteronímica de Fernando Pessoa y algún epígrafe de Mario de Sá-Carneiro (“Perdi-me dentro de mim / porque ue era labirinto”). A esa lista debo incluir un considerable número de poetas brasileños: Ferreira Gullar, Ledo Ivo, João Cabral, Murilo Mendes y algunos de sus provocadores versos que suelen acompañarme: “El mundo comenzaba en los senos de Jandira”. Acá en Venezuela he leído versiones hechas por Reynaldo Pérez Só y por los argentinos Gabriel Rodríguez y Rodolfo Alonso. De este último poeta valoro con interés especial sus traducciones de Carlos Drummond de Andrade y el excelente ensayo que sirve de prólogo a la edición.

En estos días de preocupación acumulada, los poemas de Manuel António Pina han sido terapéuticos. Me permiten crear vasos comunicantes y enlazar eslabones de viejas y nuevas lecturas. Leer de ese modo, juntando imágenes, citas y recuerdos, hace posible que el ejercicio lector tome otros caminos. Debo reconocer que estas primeras tentativas de traducción han sido placenteras, más de lo que podría haber calculado desde el inicio. Es como ir descubriendo, paso a paso, un universo visible para muchos pero totalmente desconocido para mí. Algo que había estado allí, siempre, visible pero no legible. Y al intentar leerlo y versionarlo en español me adueño parcialmente de ese mundo. Manuel António Pina está más cerca. Transitar la casa de su lengua materna, aunque con limitados recursos lingüísticos, me señala un trayecto que procura más placeres que dolores. 

Todas as palavras es una tentativa totalizadora. Aquí se hayan las palabras que solo conocen una existencia sometida a los caracteres tipográficos y a los afanes propios de la imprenta. Pero eso no es todo: también tienen cabida las palabras impronunciadas, extraviadas, incluso aquellas que no lograron cuajar y se quedaron en el limbo de lo nunca dicho, del huevo sin empollar; solamente bocetos y maquetas inconclusas, “marca de água impresente”. 

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Cruel hasta el fondo
hay
un río en mi memoria

de niño cantaba para desviar
el curso
de ese río
pero miraba hacia atrás
el río crecía y me inundaba

ahora ya viejo
junto a las piedras
el río me sacude
mis pies apenas lo soportan

***

Vaca
te toco los cuernos
tus ojos
no saben
mirar más acá del establo.

nada es más grande
cuando levantas
testaruda la trompa

las moscas en tus ancas

vaca
yo no soy más
grande yo no es

***

ella
me trae el café
a mí me gusta
un poco fuerte y negro

ella
se levanta y deja en un olvido
la taza sobre la mesa

nunca he querido hablarle
más de mí
pero en la taza
de reojo la vi
lenta y hermosa

ruego para esta mujer
tenerla fuera
de mi mezquina forma
de tratar la bondad del campo
con los ojos cerrados