viernes, 22 de julio de 2016

Los oficios de Víctor Bravo




Primero conocí su oficio ensayístico. Dispuesto en alguna parte de mi biblioteca está Los poderes de la ficción, manoseado y con marcas de bolígrafo si subrayas no olvidas, suelo repetirme; me gusta pensar que una línea o fragmento subrayados adquieren algún valor trascendente. Es un libro culturalista sobre literatura fantástica, muy útil para estudiantes universitarios y para lectores con tiempo y disposición para leerlo. También conservo otro título: El señor de los tristes y otros ensayos. Entre los textos que lo conforman se encuentra uno sobre teoría poética, el cual leí con paciencia de orfebre para no perderme en su densidad bien escrita: "es posible entonces modificar la frase de Nietzsche, y decir: si la poesía no existiera, la vida sería un error".
Víctor Bravo suele tomar versos para titular sus libros. Lo hizo con uno de Rubén Darío (El señor de los tristes) y con uno de José Lezama Lima (El secreto en geranio convertido). Quizá esa misma cercanía con el poeta cubano lo ha dotado de un estilo con mayores pliegues en la prosa y, en algunos casos, de visible complejidad discursiva. O quizá solo es muestra de una elevación mayor y de difícil escalada; pero eso queda al gusto de cada lector, quien debe levantar la alfombra de mar y de lenguaje
Después del ensayista conocí al editor. Se agradece la gentileza de quienes nos acercan a excelentes escritores poco frecuentados o escasamente conocidos. Al respecto, agradezco la cercanía amistosa de Francisco José Cruz, Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros y  Elías David Curiel, todos ellos publicados por la editorial merideña El Otro El Mismo, fundada y dirigida por Víctor Bravo. No hay gesto simulado en estas palabras: gracias al volumen Hasta el último hueso, siento admiración y conservo una amistad epistolar con el poeta Cruz. Y así con otros poetas. Como editor, Bravo dispone un repertorio en el mantel del mercado editorial venezolano. Y lo hace con su cuota de riesgos y aciertos, como toda empresa de este tipo. Tampoco puedo dejar de pensar en su empeño de descentralizar, ampliar y diversificar el eco de nuestros escritores nacionales, que tanto esperan ser oídos y leídos en otras regiones. Desde su fundación en 2001, parte de esa carencia ha sido enmendada por los esfuerzos de la editorial. 

En apretadas líneas enumeraré parte de su ancha y diversa experiencia: es licenciado en Letras (LUZ), con una maestría en Literatura Latinoamericana (UNAM, México) y un doctorado en Literatura en la USB. Su extensa obra crítica ha recibido amplias distinciones y ha sido publicada en universidades extranjeras (como ejemplo, el libro José Antonio Ramos Sucre, poeta del mal y el dolor, reeditado por la Universidad de Salamanca en 1997). Desde lo oscuro (2004), su primer poemario, lo inicia en los oficios del ejercicio lírico. 
Víctor Bravo es, posiblemente, uno de los críticos  venezolanos más leídos y mencionados. Por puro ocio, sería interesante averiguar cuántos fragmentos y citas de su autoría se encuentran dispersos en trabajos de grado, artículos y conferencias de jóvenes universitarios o investigadores. Claro, de seguro encontraremos a quienes añadieron su nombre en la bibliografía sin haberlo leído, práctica que, aunque tramposa, se traduce en una pequeña victoria a favor del autor, semejante a la de algunos clásicos: ser citados (cantados) y anónimos al mismo tiempo. Con esto no pretendo decir que Víctor Bravo es un clásico en términos absolutos, pero sí un lector “profesional” y freelance, agudo y exigente con sus necesarias y esforzadas facetas: ensayista, editor, poeta, investigador y profesor universitario. No es poca cosa, ciertamente.
A esta lista agrego su desempeño principal: la de crítico literario. Si bien se nota la inevitable voz del especialista y académico, sazonada con el dictamen teórico, Víctor Bravo a veces se deja llevar por el compás irregular de la prosa. ¿Quién puede determinar firmemente cuándo calla el crítico literario y cuándo habla el ensayista? En ese fluir de palabras encuentro este fragmento de nuestro autor, que sorprende por su precisión y pertinencia, muy afín con las vertientes actuales de pensamiento: "Sólo una nación de ciudadanos y de contención del poder podrá multiplicar los lectores de la poesía moderna, aquella que se aleja de toda celebración del poder y se instala en el centro de la conciencia crítica".

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