viernes, 22 de julio de 2016

Andamios: Una visión de vida de Néstor Mendoza, por Chela Palacios




La rutina, la cotidianidad, lo simple de la vida se hace poesía en la pluma de Néstor Mendoza. Con clara y diáfana metáfora nos habla en la primera parte del libro de sus vivencias, de su día a día. Nos muestra cómo va descubriendo, a través de su génesis, su nacimiento a la vida, a la práctica diaria de poder expresar lo que ve en el nacimiento del poema.  
Con su poema “Primitivo”, incesante de libertad, comienza la búsqueda de un hogar infinito, de un hogar perdido en el inmenso universo. El poeta crea lo creado, compara el cuerpo con una cueva que alberga la carne. Se imagina que afuera, en el espacio infinito, existen lugares y hogares más espaciosos donde podrá reconocer, expresar  y vivenciar  nuevos hallazgos: Habito una cueva que abre la boca/ todos los días para albergar  mi carne/ Afuera, existe un hogar más espacioso,/ poblado de criaturas  con dientes  y cuellos interminables/ escasos árboles  y mucha sed/ Todos ellos me hacen sentir/ un pedazo excesivo del paisaje.
En la primera parte del poemario, Néstor Mendoza nos ratifica lo creado desde afuera, como un observador omnisciente nos ejemplariza sobre lo vivido, donde lo primitivo se confunde con la rutina, con el pescado en el plato. Con voz clara nos muestra la sabiduría del que descubre y comprende.  Desde el génesis en “Primitivo”  hace un recorrido largo hasta llegar al puente, sin hacer ningún esfuerzo para interpretar,  solo llegó. Si atraviesa o no es su elección.
Por eso la poesía es mágica, la creación tomada por el poeta nos lleva a lugares  desconocidos. La simpleza de un pez en un plato que solo el ojo clínico del poeta puede describir, nos lleva a imaginarnos a ciegas el nado de un pez cruzando grandes mares, escollos y obstáculos para llegar a mi plato, para ser comido, olvidando su existencia anterior, de dónde vino. Igual ocurre con nuestra estadía en el planeta tierra. ¿De dónde venimos que olvidamos nuestra existencia anterior? Tristemente nos dejamos envolver por la ilusión del mundo. Nos dejamos comer en tierra ajena, en plato ajeno envueltos en un halo de egoísmo de vida solitaria, sin importarnos nuestro hermano y al gran creador del universo, sin recordar a qué vinimos y cuál es nuestra misión.
 ¿Qué es un andamio? ¿Acaso necesitamos un andamio para sostenernos en la vida? El poeta lo ve como un sostén, según la versión que tengamos del andamio tendremos más o menos equilibrio. Depender siempre de un andamio es un proceso que va a ir desapareciendo en la medida que evolucionemos, que crezcamos interiormente, que nos demos cuenta que nuestra fuerza interior es nuestro sostén. A Horus le arrancan su ojo, se encierra, se aniquila. Hasta que el peligro de un ser humano lo pone en un dilema: o salva su ojo o salva al hombre en peligro. Decide salvar al hombre. Recupera su fuerza, se dio cuenta de que no era su ojo físico el que le daba  la fuerza sino su ojo interior… darse cuenta de que deja de temerle a las alturas,   mirar sin temor el universo infinito e invocar a Dios. En este poema se nos habla  del tiempo que puede ser tomado; creado en una fotografía, lo eterniza. No envejece, no importa qué tiempo haya pasado, el tiempo permanece sin arrugas. 

Muy poco se le escapa al ojo atento del poeta.  De manera curiosa descubre la muerte y nos dice: cada músculo aprende/desde la infancia su descomposición/ entre cada tejido de  lombriz/ hace su trabajo/: alimenta hasta engordar la carne/ para estar a punto del día del festín.
Hace honor al mendigo de su infancia, muestra y personifica la indigencia de la humanidad de ayer, hoy y siempre.
En el poemario Andamios encontramos poemas como laFragilidad”, un camino, la Descomposición”: La guayaba se pudre / de adentro hacia afuera/. Estamos acostumbrados a mirar solo lo externo, a juzgar, a criticar sin conocimiento. Sin saber cómo está por dentro, sin ponernos en el lugar del otro, sin revisar internamente una cosa, persona o animal; por fuera  puede ser bello, aparentemente sano, pero no sabes lo que está adentro. Si no revisamos meticulosamente jamás sabremos  lo que ocurre en su interior. Esto no solo sucede con la otra persona, sino también con nosotros. No nos detenemos a mirarnos, conocernos y reconocernos. Es la única forma que tenemos para reconocer lo que verdaderamente  acontece en el interior de algo o alguien, y poder detectar su composición.
En la segunda parte del poemario, el poeta narra en primera persona  cómo ve su casa, sus vivencias con el padre, el mandato, el amor. El respeto al padre lo demuestra: Dentro de tu dureza hay espuma y azúcar/ un miedo retorciéndose/ No te preocupes, prometo tender la cama/
En “Descripción de un adolescente, se descubre con miedos que no lo dejan llevar una vida normal de adolescente, con cierta timidez que no abandona, que no lo deja hablar ni bailar. Se descubre también envidioso de la fuerza que poseen sus amigos adolescentes que asumen sin miedos, que retan a la vida sin importarles las consecuencias: Confunden mi origen/ dicen que soy torpe/ por que las muchachas  no quieren bailar/ no saben que envidio sus errores adolescente/ su manera  de ofrecer sus 16 años/ sin tanta contemplación.
Podálico nos habla de su postura en el vientre de la madre, de la compañía de la hermana ocupando la misma casa, misma bolsa, mismo cordón: A mi lado crece mi hermana/ una misma bolsa/ un mismo cordón/ para ahorcarnos en esta complicidad/ Dios-- o quizás alguien mas--/ quiso que su frente mirara de cerca/ el pubis de la madre/ y yo, el hígado. Son dos visiones diferentes que los acompañarán para toda la vida. Cada una verá su vida de manera distinta aunque hayan estado unidos en el vientre de la madre. Cada uno tendrá su propia manera de ver, sentir y apreciar lo que ve según su óptica.
El poema “El pasado de la lluvia”, lo lleva al recuerdo del juego con los hermanos,  la sencillez de la inocencia, de la no malicia. Comparto la lluvia con mis hermanos/ los tres creemos que el sol se puede mojar. Encantadora metáfora que nos muestra la pureza del niño en espera de un premio. La barriga irritada por el roce/es el mejor premio.
El poemario finaliza con recuerdos.  “María  Hernández,  el “Árbol de la infancia,  la “Trinitaria.
“El mito de la abuela” marca su enseñanza religiosa, comprensión que quedó grabada  en la memoria del poeta: El pan de Cristo nunca se acaba/ Cristo no multiplicó peces/  sino que redujo el hambre de los incrédulos. El poeta dice. Me aferro  a esta creencia/. Nada más cierto y tan válida  en estos momentos de crisis y de caos que vive el país, donde la miseria, el hambre y el desconsuelo reinan. La fe nos llevará al triunfo. La creencia en el ser humano, nuestro hermano, que jamás debe desaparecer.

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