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COMO LA CURVA



Maily Sequera
Fotografía por Lorien Sequera


Allá donde muere la curva
he muerto ya una vez con mi padre.

Estábamos enamorados
y estrellamos el carro volviendo a casa.

Hay que guardar respeto por las curvas.
El descubrimiento visual de su continuación
nos ofrece una falsa confianza en el avance.

Yo amaba a mi padre.
Era un hombre,
otro nombre.
Lo recordé como primera palabra.
Pude contarle cómo había muerto
Por qué ante la curva que acaba en el poste
tapé mis ojos con mis manos nuevas.

Mi padre estaba manejando el auto
y yo volvería a matarme con el hombre que amaba.

Mi madre no recuerda
cómo llamé a papá hasta que dije papá
y no es importante.
                                        Uno pierde la memoria toda la vida.
Crees conocer exactamente el trazo dimensional que la define
pero
es una suposición desafortunada ante cualquier evento del azar.

Se encuentra entonces mi frente contra una barra de metal que le fractura el cráneo
se atan dos almas al evento de mi muerte
y el hombre que amé será mi padre.

Juró el conductor
sin saber por qué
ahogado en un amor incomprensible y nuevo
que esa niña era una extensión su existencia
que nada desafortunado la tocaría
mientras le acariciaba la cabeza calva e intacta.

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Cruel hasta el fondo
hay
un río en mi memoria

de niño cantaba para desviar
el curso
de ese río
pero miraba hacia atrás
el río crecía y me inundaba

ahora ya viejo
junto a las piedras
el río me sacude
mis pies apenas lo soportan

***

Vaca
te toco los cuernos
tus ojos
no saben
mirar más acá del establo.

nada es más grande
cuando levantas
testaruda la trompa

las moscas en tus ancas

vaca
yo no soy más
grande yo no es

***

ella
me trae el café
a mí me gusta
un poco fuerte y negro

ella
se levanta y deja en un olvido
la taza sobre la mesa

nunca he querido hablarle
más de mí
pero en la taza
de reojo la vi
lenta y hermosa

ruego para esta mujer
tenerla fuera
de mi mezquina forma
de tratar la bondad del campo
con los ojos cerrados