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Entrevista para Qué Leer








#CONOCIENDOAUNESCRITOR 2.-

¿Qué día nació y en qué parte de Venezuela?
Nací en la misma ciudad, día y año que mi hermana Griselda; es decir, en Maracay, el 13 de mayo de 1985.

¿Qué razón te motiva a escribir?
Las motivaciones son cambiantes y fluctuantes. En ocasiones, me motiva alguna lectura o cita en particular, en otras, una imagen observada en el transcurso de un viaje. Soy, esencialmente, visual. 

¿Para usted escribir es una profesión o un hobby?
Más que una profesión o hobby, es una necesidad, un breve compromiso, una pulsión,  un deseo de fijar, de darle una presencia más firme a lo transitorio. 

¿Qué le hizo saber que se dedicaría a ser escritor?
No me propuse ser escritor, solo un lector disciplinado y consecuente, específicamente de poesía y de ensayos. Luego apareció, sin notarlo de inmediato, un compromiso implícito con la escritura. 

¿Tiene alguna rutina para sentarse a escribir?
Practico una disciplina que no es rígida. Escribo, casi siempre, directamente en Word. He perdido la soltura para escribir a mano. Sin embargo, me gusta subrayar y dejar notas al margen de las páginas, que luego aprovecho al momento de organizar los textos, un posible poema o ensayo.  No tengo un ritual, no escribo en cafés. Practico, en este sentido, una escritura geográficamente sedentaria. Leo preferiblemente de noche y escribo de día. No sé qué motivo específico me persuade para escribir de día.

¿Tiene alguna musa o inspiración?
En mi caso, modestamente, puede ser la evocación de un recuerdo, alguna cita que te lleva a otras conexiones, un paisaje asociado a una vivencia. La inspiración (o mejor dicho, la motivación) también se alimenta y se ejercita como unos cuádriceps, pasa por una malla, un colador, un filtro, un embudo.

¿Cuál o cuáles escritores lo inspiraron a escribir?
No tengo un árbol genealógico específico, pero podría mencionar a Gallegos, específicamente su novela Cantaclaro, la cual leí a los 18 años y que inició en mí  cierta disciplina como lector. En esa primera etapa hubo un predominio de la narrativa (Rulfo, Poe, García Márquez, Otero Silva). Posteriormente, la poesía apareció con el hallazgo de los autores venezolanos (Juan Calzadilla, Reynaldo Pérez Só, Juan Sánchez Peláez, Ramón Palomares). Ahora el abanico se extiende a varios poetas y ensayistas hispanoamericanos que leo con especial interés.  

¿De sus obras cuál ha sido la que más ha disfrutado escribir?
No es específicamente un acto jubiloso. Hay agitación, duda e incomodidad. Cada poema lleva consigo una carga de expectativa. Disfruto, eso sí, la artesanía verbal que te da cierto placer cuando escribes. Podría mencionar la “Sextina” perteneciente a mi segundo libro, Pasajero. La escribí durante varias semanas consecutivas, trabajándola diariamente, hasta ajustar el motivo que circula en el poema a la rigurosidad métrica. 

¿Qué está escribiendo?
Preparo un par de ensayos sobre poetas venezolanos. Trato de darle continuidad a algunos proyectos que, por los momentos, parecen estancados. 

¿Qué libro le hubiese gustado escribir?
Para ser sincero, nunca me he planteado esa pregunta. Prefiero pensar en los libros que me gustaría leer y que lamentablemente no circulan en Venezuela. 

¿Existe el temor a la hoja en blanco?
A veces existe el temor a la plantilla de Word en blanco. En ese caso, no me empeño en forzar una escritura, solo intento convivir con esa necesidad persistente de escribir o de callar. 

¿De no ser escritor que le hubiese gustado ser?
Quizá futbolista. Entrené y jugué fútbol durante buena parte de mi adolescencia, con pocos logros pero sí con bastante esfuerzo y emoción.  

¿Cuál género no se ha atrevido a escribir?
Cuentos y novelas. Soy un lector ocasional de narrativa, respeto muchísimo a quienes sí invierten tiempo y placer en ello. Esto no impide que en ciertas épocas lea con detenimiento algunos libros de relatos o novelas. Vuelvo con cierta frecuencia a la obra de Juan Carlos Onetti.

¿Cuál autor venezolano recomienda leer?
Recomiendo a Ramón Palomares y su admirable libro El reino. Recomiendo La razón melódica, de Valentina Marulanda; el libro Caravana, de Víctor Manuel Pinto; Maneras de vivir de Francisco José Cruz; Caballo de fuego, de Enriqueta Arvelo Larriva; Del diario de la señora Mao, de María Teresa Ogliastri; la poesía completa de José WatanabeEn líneas generales, admiro la disciplina de varios poetas jóvenes que se manejan con igual soltura en el ejercicio poético y en el ejercicio de la crítica literaria. 

¿Cuál es el libro más preciado en su biblioteca?
No tengo un podio. Veo nuestra biblioteca (la de Geraudí y mía) como un organismo activo, diverso, que recorre varios estadios de mi vida. Desde el joven universitario que fui hasta la época presente. Por eso me resulta difícil deshacerme de algunos títulos. 

¿Cómo es tu biblioteca, tiene un lugar especial, un sistema para ordenarlos, cuántos tiene?
Precisamente estamos reorganizándola. Suelo agrupar por colecciones y editoriales. Según el interés del momento, le doy un privilegio visual a algunos títulos. Nunca los he contabilizado, prefiero verla crecer sin saber el número exacto, sin hacer inventarios. 

¿Recuerda con cuál libro se inició en la lectura?
En mi casa de la infancia no abundaron los libros. Dejando a un lado los textos escolares y los procesos de lecto-escritura, mis primeras lecturas formales iniciaron a los 18 años, con varias novelas de Rómulo Gallegos. 

¿Cuál libro dejó una huella en usted?
Lo que queda, del gran poeta peruano José Watanabe. Esa antología  me ayudó a ponderar una voz en mis poemas. Fue un golpe de luz. 

Un libro para iniciarse en la lectura
Independientemente del libro, prefiero que sea en tu lengua materna. Puedo equivocarme, es muy relativo. Por su claridad, amenidad y pulcritud, El abuelo, la cesta y el mar de Elizabeth Schön; y Mascarada y El cocodrilo rojo de Eduardo Liendo. No hay un camino único para iniciarse en la lectura. No tiene que ver solamente con la “facilidad” con que se pueda comprender un texto. Quizá, para algunos, iniciar con Analecta del reloj de Lezama Lima podría ser más estimulante. 

Un libro para soñar
El mundo onírico es muy vasto, y dentro de él, prefiero los libros que te motiven y confronten,  que sean portátiles. Que suden. 

Un libro para no leer
Los dogmáticos, prejuiciosos y mal editados. 

Un libro para leer en el baño
Nunca leo en el baño ni en habitaciones. Veo cada espacio con sus usos convencionales. 

Libro de papel o electrónico.
De papel, para rayar y oler. Digitalmente, me inclino por los artículos y ensayos de cierta extensión. No descarto ningún soporte. 

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***

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***

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de mi mezquina forma
de tratar la bondad del campo
con los ojos cerrados