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Un poema de Arturo Gutiérrez Plaza (Caracas, 1962)




Memoria de una antigua amistad


                                             Para aquellos afectos devenidos camaradas



Ya nos veremos de nuevo
en esos lugares donde alguna vez
creímos que se haría infranqueable la amistad.
Después de todo esto,
cuando cesen los batallones
y se hayan recogido las cartas
nos descubriremos acodados sobre mesas sin trastos,
para vernos nuevamente
a la cara,
sin olvidar lo que creímos
—o por no olvidarlo—
pero sin borronear lo acontecido
desde aquel paréntesis hasta acá.
Y cuando llegue ese día,
lo sabemos, se nos hará difícil
encontrar las palabras comunes,
aquéllas que apartadas se refugiaron en libros
que ahora se nos antojan escritos
en extraños idiomas; aquéllas,
ahora degolladas en los desvencijados rieles de la Historia.
Entonces habremos de preguntarnos:
¿en qué calle ya no pudimos voltear?
¿en qué esquina dejó de ser por siempre la hermandad?



Este poema forma parte del libro Cuidados intensivos (Lugar Común, Caracas, 2014)

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Cruel hasta el fondo
hay
un río en mi memoria

de niño cantaba para desviar
el curso
de ese río
pero miraba hacia atrás
el río crecía y me inundaba

ahora ya viejo
junto a las piedras
el río me sacude
mis pies apenas lo soportan

***

Vaca
te toco los cuernos
tus ojos
no saben
mirar más acá del establo.

nada es más grande
cuando levantas
testaruda la trompa

las moscas en tus ancas

vaca
yo no soy más
grande yo no es

***

ella
me trae el café
a mí me gusta
un poco fuerte y negro

ella
se levanta y deja en un olvido
la taza sobre la mesa

nunca he querido hablarle
más de mí
pero en la taza
de reojo la vi
lenta y hermosa

ruego para esta mujer
tenerla fuera
de mi mezquina forma
de tratar la bondad del campo
con los ojos cerrados