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LOS GRANDES TEMAS IV



Leda, Ganímedes y el erotismo animal




 Néstor Mendoza

I

La princesa Leda renace en numerosas pinturas y esculturas. Y junto a ella, en erótico plano, está Zeus transformado en cisne: encima está el ave, su cuerpo de plumas adherido al cuerpo de carne, con las alas abiertas, plenas y seguras, mientras el pico deseoso busca la boca de la noble amante. Es la escena zoofílica más conocida y la más versionada por notables artísticas, desde Leonardo Da Vinci, Rembrandt, Salvador Dalí hasta Fernando Botero.
El poeta Alejandro Oliveros ha estudiado a fondo este mito de gran “erotismo y plasticidad”: hace una culta pesquisa, específicamente del periodo renacentista, y logra ubicar atractivos y variados ejemplos. Se trata del ensayo “Leda en las colinas de Vinci”. Oliveros subraya la figura de Leda y el cisne en fragmentos de Homero, Boccaccio y Eurípides: traza un arco sucesivo de citas en el arte, que incluye a Rafael, Durero, Bandinelli  y Correggio.
Rubén Darío, con su especial predilección por los cisnes, retrata esta imagen pictórica en el poema “Leda”: “Tal es, cuando esponja las plumas de seda/Olímpico pájaro herido de amor, /Y viola en las ninfas sonoras a Leda, /Buscando su pico los labios en flor”. El cisne fetiche, símbolo modernista, bajado del pedestal por el propio Rubén. Notables poetas (entre ellos Rilke, Yeats y H.D.), también elaboraron genuinas versiones del cisne pedestre y lascivo. Leda y el cisne son un binomio simbólico que se adapta muy bien a los asuntos artísticos. No podría ser de otra manera: la potencia erótica y el cosquilleo pervertido atraen la atención de poetas y creadores.
II
En otra narración mítica, Zeus se transforma en águila: se viste de plumas para seducir al impúber Ganímedes, hijo del rey troyano Tros. Miguel Ángel dibuja el momento: se observa una recia águila oscura y, delante, en postura que sugiere un acto sodomita, el joven Ganímedes, hermoso y desnudo, en leve forcejeo aéreo. Tres prácticas sexuales se conjugan en un mismo escenario: la zoofilia, la sodomía, y en relativa presencia, la pedofilia, considerando la temprana mocedad del príncipe.
Destaca igualmente el relato mitológico de Pasífae y su deseo inoculado y zoofílico hacia el toro blanco. El artesano Dédalo confecciona un traje bovino de madera y cuero para que Pasífae sea embestida, penetrada desde atrás, por la potencia feroz del toro. El escritor británico Robert Graves describe el pasaje concreto: El toro blanco no tardó en acercarse y montar a la vaca, de modo que Pasífae vio satisfecho su deseo y a su tiempo dio a luz al Minotauro, monstruo con cabeza de toro y cuerpo humano”. Zeus es uno de los grandes libertinos de la antigüedad, y en no pocas ocasiones, como en este caso, ha fungido como fatal celestina.
III
Ya en los predios de la literatura venezolana, resalta especialmente el poema “Presente” de Ramón Palomares, el cual ha sido incluido en numerosas antologías del autor, y en compilaciones de poesía amorosa latinoamericana y venezolana. Es uno de los poemas más conocidos y reseñados del poeta trujillano. “Presente” tiene varias y ricas lecturas; una de ellas es el marcado erotismo; y otra, quizá más evidente y hasta elemental, es la lectura zoofílica.
Tres presencias visibles se hallan en este texto: el amante (quien interviene como yo poético), la serpiente y la mujer deseada. En este caso, la serpiente es una especie de juguete sexual, y así es concebida por la voz poética: “Díjome que le trajera una serpiente/la quiere ondulante para jugar (…)/Para ponerla en sus tetas la quiere/Y que ella sueñe enrollada/como los picos de aquéllas”. Es una víbora versátil: collar precioso y soga suicida (“para que enrolle su garganta… y su bello color entrega a mis ojos”); y un miembro masculino (“pájaro extraño”). Notamos la aparición de una mujer que se estimula con la sierpe y cede ante sus maniobras ondulantes y penetrantes. Serpiente masculina y viril en el acto zoofílico. Múltiples y atractivas lecturas: sugestivas, en definitiva.
Leda, Ganímedes y la amante del poema de Palomares son los sujetos subyugados por el impulso animal del cisne, el águila y la serpiente. La zoofilia literaria en su máxima plenitud: con ellos, la parafilia ha alcanzado rango artístico.

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Cruel hasta el fondo
hay
un río en mi memoria

de niño cantaba para desviar
el curso
de ese río
pero miraba hacia atrás
el río crecía y me inundaba

ahora ya viejo
junto a las piedras
el río me sacude
mis pies apenas lo soportan

***

Vaca
te toco los cuernos
tus ojos
no saben
mirar más acá del establo.

nada es más grande
cuando levantas
testaruda la trompa

las moscas en tus ancas

vaca
yo no soy más
grande yo no es

***

ella
me trae el café
a mí me gusta
un poco fuerte y negro

ella
se levanta y deja en un olvido
la taza sobre la mesa

nunca he querido hablarle
más de mí
pero en la taza
de reojo la vi
lenta y hermosa

ruego para esta mujer
tenerla fuera
de mi mezquina forma
de tratar la bondad del campo
con los ojos cerrados