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Publicar libros es una aventura de vida




 Entrevista a Editorial Candaya
Néstor Mendoza/ Mariely Mendoza

Paco Robles y Olga Martínez son dos editores catalanes que han dado a conocer al mundo hispánico una muestra representativa de la literatura latinoamericana actual. Desde hace diez años, el catálogo de la editorial Candaya se nos ha hecho familiar: escritores peruanos, argentinos, paraguayos y venezolanos dialogan con sus pares españoles, en una interrelación saludable y enriquecedora para ambas orillas del Atlántico.  Su proyecto nace de una doble fascinación: geográfica, tras muchos años de viajes por Latinoamérica, y literaria, dado su interés en el imaginario hispanoamericano.  A propósito de su visita a la FILUC 2013, los editores catalanes intercambian impresiones sobre su labor y sus vínculos con los autores y los lectores.

-Entre el editor, las obras y sus autores median factores contractuales, formatos, materiales, presupuestos, las especificaciones técnicas de cada edición, trámites legales y administrativos, tiraje, promoción, distribución y comercialización, entre otros aspectos; todo lo cual configura una realidad muy compleja particularmente hoy. ¿Cuál es el balance de Candaya y qué recomienda a quienes se inician en la actividad?

-A veces tenemos la impresión de ir a contracorriente en el más difícil de los escenarios posibles: en España, una crisis económica profunda y despiadada, que ha hecho que para demasiada gente la supervivencia más elemental (comer, conservar la casa, conseguir un trabajo...) se convierta en el principal y, lógicamente, casi único problema; la preocupante deriva hacia el pensamiento único y hacia el deslumbrante imperio de lo tecnológico y tecnocrático, que está convirtiendo la cultura humanista en algo casi residual; la alarmante vulgarización de buena parte de la literatura, cada vez más apresada por los estereotipos de lo ligero que marca el mercado y por el abuso de las emociones más primarias y “digeribles” (sólo hay que darle una ojeada a las “listas de éxitos” de cada mes). Y sin embargo, aquí seguimos, casi diez años después, resistiendo con Candaya, felices del trabajo realizado y muy orgullosos de algunas de nuestras apuestas y “conquistas”:
·         Hemos contribuido al descubrimiento en España de algunos escritores latinoamericanos fundamentales: Ednodio Quintero, Victoria de Stefano, Sergio Chejfec, Juan José Becerra, Juan Villoro, Elvio Romero, José Barroeta, María Auxiliadora Álvarez, Carlos Vitale. En algunos casos, como en el de Sergio Chejfec, la merecida atención crítica internacional de la que fue objeto la publicación en Candaya de Mis dos mundos, Baroni: un viaje y La experiencia dramática lo ha convertido en uno de los escritores latinoamericanos más estimados del panorama literario actual.
·        Aún estamos estupefactos del enorme impacto que tuvo la publicación, en 2006, de Nocilla dream, de Agustín Fernández Mallo, un libro ya de referencia de algunos de los caminos que está explorando la novela del siglo XXI. En Candaya empezó lo que la prensa llamó “Generación Nocilla”, un intento de conmocionar, en buena parte, la anquilosada narrativa española.
·        Candaya ha sido, creemos, un exitoso vivero de nuevas e interesantes voces, que están dando mucho de qué hablar: tres de nuestros autores, los españoles Javier Moreno (Click), Quim Aranda (El avión que logró dar media vuelta al mundo) y el peruano Sergio Galarza (Paseador de perros y JFK) han sido considerados “Nuevo Talento FNAC; otro peruano, Diego Trelles, ganó hace poco el prestigioso premio de Narrativa Joven Francisco Casavella y fue finalista del último premio Rómulo Gallegos... Ahora estamos muy contentos con la publicación de Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos, un libro que recoge los mejores relatos de una nueva hornada de jóvenes escritores españoles e hispanoamericanos, en los que confluyen la calidad y el espíritu de innovación.
Es difícil dar consejos a los editores que empiezan porque los proyectos editoriales son tan diversos e intransferibles como la personalidad y la historia de los editores que hay detrás, pero sí que podemos avanzar dos características que nos definen y dan sentido a lo que hacemos:
a)     La edición como un proyecto personal. Publicar libros como una aventura de vida que compartes estrechamente con los autores. La historia de Candaya está llena de intensas experiencias en este sentido: con Mientras cenan con nosotros los amigos, la novela póstuma de Avelino Hernández, recorrimos, de manera caleidoscópica, las diez ciudades que conformaron su interesantísima vida. El acto central se hizo junto al torreón árabe de Castellanos, que durante unas horas volvió a ver sus calles llenas de vida (hacía ya 30 años que, como muchos otros pueblos de la provincia de Soria, había quedado totalmente deshabitado). Presentamos  el libro mientras se asaban chuletillas y chorizos...
b)    Apuesta por la cercanía. Contacto con los lectores, con las bibliotecas, con las librerías, con los centros educativos. Y no sólo las que están en las grandes ciudades: hemos presentando nuestros libros en una panadería de Caspe (un pueblo de Aragón, que no llega a los 1000 habitantes) o en Trujillo (en los Andes venezolanos). Esta vocación periférica ha sido siempre muy importante en Candaya. 

-Considera usted que se ha replanteado el rol del editor en relación con las plataformas tecnológicas. 

-Facebook y twitter son herramientas esenciales para un editor del siglo XXI. De entrada, sirven para informar de la andadura de la editorial a una red caprichosa y un poco imprevista de “amigos” (palabra que de repente se hace más polisémica y suma un nuevo sentido). Van algunas reflexiones:
a) En Facebook cabe todo y, por eso, es una democrática vacuna contra la solemnidad de la cultura.
b) Facebook vence el maleficio del espacio (fundamental en una editorial de vocación americanista como la nuestra, que piensa que la patria literaria es la lengua). Muchos lectores venezolanos de María Gasparini (la autora de Laberinto veneciano, que vive desde hace 10 años en Venecia), por ejemplo, siguieron día a día la ruta del libro por España y organizaron en su ausencia una exitosa presentación en una librería de Caracas. Y a la inversa: desde aquí leímos puntualmente las espléndidas reseñas que sobre Laberinto veneciano aparecieron en El Nacional de Caracas o en Letras Libres de México.
3) Facebook, al enlazar hasta el vértigo los “Me gusta” y los “Compartir”, nos ayuda sobre todo a ampliar: la convocatoria de una presentación, los enlaces de una reseña, el texto de un reportaje periodístico...
4) Facebook es una apuesta por la inmediatez de la información. Mucho antes de que un libro (si tiene suerte) conquiste espacio en los medios tradicionales, empieza su run run en la red: noticias en el Facebook del autor, de sus amigos, de la editorial, de potenciales lectores...
5) Facebook permite que las opiniones de los supuestos lectores (es verdad que a veces sólo un lacónico “Me gusta”) lleguen con rapidez a la editorial y al autor. Fue curioso, por ejemplo, la polémica que desencadenó una pregunta nuestra sobre el nuevo diseño de la colección de Narrativa, que inició la portada bastante impactante de La interpretación de un libro.
Respecto a los libros en formato digital, en Candaya estamos estudiando con calma el tema, pues no queremos equivocarnos en la plataforma de difusión que elijamos. También nos preocupa la alargada sombra de la piratería digital, que en España es casi un deporte nacional.
El papel del e-book, en el panorama editorial español, es todavía poco sólido: el proceso está siendo más lento que lo que se esperaba y su rentabilidad económica todavía es escasa. Aun así hay que tenerlo en cuenta pues es, sin duda, el camino de un porvenir cada vez más cercano. Por otra parte, está por ver el impacto que la generalización del e-book tendrá en las librerías (que ahora más que nunca nos parece que hay que reivindicar como indispensable espacio de encuentro) y en todo el tejido cultural.

Su catálogo está constituido, principalmente, por escritores latinoamericanos; entre ellos, un buen grupo de venezolanos. ¿Qué motivaciones mueven a la editorial al momento de considerar a estos autores para sus proyectos?

Candaya nace de una doble fascinación: por Latinoamérica (tras muchos años de viajes por el continente) y por la literatura hispanoamericana (que fue decisiva en nuestra formación y que nos sigue deparando grandes placeres). En dos de nuestros viajes americanos (2002 a Venezuela, 2003 a Argentina) tuvimos la suerte de conocer al novelista venezolano Ednodio Quintero y al poeta paraguayo Elvio Romero. No podíamos entender que estos dos escritores excepcionales nunca hubieran sido publicados en España, y decidimos que podía estar en nuestras manos remediarlo: Mariana y los comanches y Contra la vida quieta fueron nuestros dos primeros libros. Pensamos que había que subsanar este vacío de nuestra cultura, y que intentarlo podía ser una aventura apasionante.
Diez años después, la presencia de lo latinoamericano en nuestro catálogo sigue siendo muy importante y nuestra principal seña de identidad. Las cifras son elocuentes: el 60% de los libros que hemos publicado son de autores latinoamericanos y el 25% de estos son venezolanos. Nos sentimos muy orgullosos de haber contribuido a que la literatura venezolana sea cada vez más valorada y admirada en España. Un buen proyecto futuro: publicar por lo menos un libro de autor venezolano al año. Un proyecto inmediato: decidir el que publicaremos en 2014. Estamos convencidos de la potencia, del valor estético, de la capacidad innovadora de la literatura venezolana, y muy contentos de habernos convertido, de alguna manera, en sus embajadores en España, pero también en otros países latinoamericanos, porque los libros de Victoria de Stefano, de Ednodio Quintero, de José Barroeta, de María Auxiliadora Álvarez… que hemos publicado, se han difundido también por Argentina, Chile, Perú, México, Colombia…


Entrevista publicada en La Iguana de Tinta (revista de la Feria Internacional del Libro de La Universidad de Carabobo) nro. 13. Valencia, octubre de 2013.

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Cruel hasta el fondo
hay
un río en mi memoria

de niño cantaba para desviar
el curso
de ese río
pero miraba hacia atrás
el río crecía y me inundaba

ahora ya viejo
junto a las piedras
el río me sacude
mis pies apenas lo soportan

***

Vaca
te toco los cuernos
tus ojos
no saben
mirar más acá del establo.

nada es más grande
cuando levantas
testaruda la trompa

las moscas en tus ancas

vaca
yo no soy más
grande yo no es

***

ella
me trae el café
a mí me gusta
un poco fuerte y negro

ella
se levanta y deja en un olvido
la taza sobre la mesa

nunca he querido hablarle
más de mí
pero en la taza
de reojo la vi
lenta y hermosa

ruego para esta mujer
tenerla fuera
de mi mezquina forma
de tratar la bondad del campo
con los ojos cerrados