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Entrevista en Zaaranda




Gentilmente, las amigas de la revista cultural Zaaranda me entrevistaron en abril de este año. La nota introductoria y las preguntas estuvieron a cargo de Tannia García.

 “Quiero que el poema sobreviva dentro y fuera del libro”

    Néstor Mendoza (Maracay, Venezuela, 1985). Joven voz de nuestra poesía contemporánea. Su obra se caracteriza por la pulida simpleza y la sencillez expresiva, e imágenes producto de la contemplación sensible y atenta del desenvolvimiento de los días.
     En el 2011, obtuvo el IV Premio Nacional Universitario de Literatura con el libro Andamios, bajo el seudónimo de Camilo Manrique, y posteriormente publicado por la Editorial Equinoccio en el año 2012. Zaaranda celebra esta publicación conversando con el autor sobre esta nueva etapa, sobre la poesía como hecho humano y su visión con respecto a la creación poética.

      ¿Por qué Andamios?

      El nombre de Andamios surgió de manera espontánea. Quise que el libro llevara un título conciso y breve, que no contradijera la sencillez expresiva de mi propuesta. Me llama la atención esa imagen; es decir, la imagen del obrero que trabaja en las alturas, casi como un  equilibrista, pero sin ser un espectáculo circense. Me llama la atención la sobriedad de ese objeto, el riesgo implícito del trabajo. El libro necesitaba un nombre que abarcara la esencia de cada poema, que expresara, lo más posible, un sentido de unidad. A decir verdad, no sé si logré esta correspondencia entre el título y los poemas que integran el libro, pero me satisface hasta ahora.

     ¿Quién es Camilo Manrique?

    El indio Camilo Manrique es un personaje que aparece en la canción “Plantación adentro”, de Rubén Blades. Utilicé ese nombre como seudónimo para el IV Premio Nacional Universitario de Literatura, el cual obtuve en el año 2011. “Camilo Manrique falleció/ por golpes que daba el mayoral, /y fue sepultado sin llorar, / una cruz de palo y nada más”, dice un fragmento de la canción. La salsa es un género musical que sigo con especial interés. El día en que dieron el veredicto del Premio, celebré con mi esposa Geraudí González y algunos amigos; brindamos y escuchamos esa canción con mucha alegría. Recuerdo también la versión del poema “De qué callada manera”, de Nicolás Guillén, en las voces de la Sonora Ponceña y Pablo Milanés. Sencillamente geniales. Una manera estupenda de unir dos géneros. La música estimula el sentido del poema y de la canción.

    ¿Qué papel tiene la poesía en tu crecimiento como ser humano, qué te ha proporcionado?

     La poesía me ha ayudado a conocerme y a vincularme de otra manera con la realidad. La lectura solitaria, esa que se consume en secreto, en retiro, ha generado en mí una admiración por los detalles mínimos. Me ha proporcionado una actitud que antes no tenía. La poesía no es evasión: lejos de ocultar y tergiversar la realidad, te ofrece una visión más sensible y consciente. Ayuda a comprender un poco mejor nuestra tradición y nuestra historia, la cual está saturada de contradicciones. La vista se agudiza y lo que sucede alrededor comienza a mostrar pliegues que antes estaban ocultos.
      Algunos poetas clásicos y contemporáneos me han enseñado que la palabra genuina, dicha desde la honestidad, te puede brindar más placer y conocimiento que muchos discursos que se hacen llamar “teóricos”. La poesía me permitió conocer a mi esposa; me ha dado buenos amigos y algunos lectores receptivos. La poesía me ha permitido volver, con cierta nostalgia, a mi infancia, a diferentes etapas de mi vida; me ha permitido develar obsesiones, darle forma a mis dudas y hacerlas más tolerables en el poema. Cada verso es, a veces, una forma de hacer más tolerable esos individuos ocultos que viven en nuestra mente y en nuestros corazones.
     La poesía no tiene valor mercantil. Ningún poeta, jamás, cumplirá un rol mesiánico; sin embargo, como han dicho muchos escritores, un lector es alguien difícil de manipular. Pienso que el hombre descubre su papel en la sociedad en la medida en que se vuelve más exigente y deja de aceptar las cosas sin objetarlas. Somos seres culturales, enmarcados en una etapa de la historia,  y la poesía es parte de esa historia.

     En Andamios se aprecia una convergencia de etapas y momentos, vivencias que se mueven entre la nostalgia de la infancia y la cotidianidad de la adultez; ¿es este poemario una conciliación entre el presente y el pasado del poeta? ¿Por qué?

      Sí, en Andamios convergen momentos y distintas etapas. En cada poema (especialmente los textos de la segunda parte del libro) existe un recorrido sostenido. Es un libro con visos autobiográficos, escenas de mi infancia y niñez. Esas experiencias se extienden a la adolescencia y desembocan en un presente que intenta atrapar el pasado. Viéndolo bien, es un libro muy íntimo y personal, que retrata buena parte de mi temperamento y de los modos en que asumo el paisaje externo. Aunque a veces utilice la tercera persona, se deja colar el yo, tercamente. Es una lucha constante. También pienso que, mediante el poema, es posible rescatar nuestros paraísos perdidos, o como escribió el poeta cubano Lezama Lima, también es posible poblar la naturaleza perdida con sobrenaturaleza; es decir, poblar la naturaleza perdida con nueva naturaleza, con la imagen poética. Y naturaleza no es solo el paisaje vegetal, son todos los momentos que se han ido, las personas que amamos que ya no están físicamente. Andamios intenta construir un puente que pueda ser atravesado por mi pasado y mi presente, sin pelearse. Aclaro: no es solo aferrarse a un pasado bucólico, es una manera de perdurar y hacer que otros puedan ver y sentir eso que una vez tú sentiste, una manera de permanecer y ganarle unos metros al olvido.  Es una forma dialógica que nos permite interactuar.

     Con respecto a tu primer libro Ombligo para esta noche, vemos ciertos temas, formas, imágenes, que ya no están presentes en Andamios, ¿por qué?

    Terminé de escribir Ombligo para esta noche en el 2005, pero fue publicado en el 2007. Siete años separan ambos libros. Ombligo fue mi primera experiencia con la escritura, una escritura de constantes búsquedas. Como todo libro primerizo, tiene sus aciertos y desaciertos. De él rescataría solo unos pocos poemas. La mayoría de ellos necesitaba mayor vigilancia en el aspecto formal. Mayor cuidado. Después de esa primera publicación escribí un par de libros que fueron ensayos más o menos conscientes de escritura, y me permitieron hallar cierta coherencia y unidad. Me permitieron ejercitarme y conocer el proceso artesanal del lenguaje.
     Esos libros inéditos los he dejado a un lado: el estilo que los agrupa no se adapta a mis intereses expresivos actuales. Por eso, Andamios vendría a ser, realmente, mi primera propuesta consciente y vigilada, que inicia un trabajo más equilibrado y maduro.
     Entre Ombligo para esta noche y Andamios median muchas lecturas, escrituras y reescrituras. Hay algunos temas que permanecen, como el de la infancia. Sin embargo, el abanico temático ha crecido; ahora intento dar un tema específico a cada poema, una permanencia más sólida y cuidada. Quiero que el poema sobreviva dentro y fuera del libro, que sea un pez pulmonado, que respire dentro y fuera del agua.

¿Poesía joven? ¿Crees en este concepto? ¿Es la edad determinante en la creación poética?

     Hay que tener claro dos cosas: poesía joven y poeta joven. Un poeta de 20 años es joven, como uno de 40 o 50. La edad cronológica del poeta no es tan importante, al menos desde mi percepción. La condición de juventud va ligada al asombro, ese asombro que tuvieron los primeros filósofos y que se puede ver en los niños. No es solo un asunto de fechas y cronologías. Cuando el poeta pierde el asombro y se deja llevar por su formación intelectual, el poema deja de ser un órgano vivo y se convierte en una excusa para demostrar erudición. La poesía joven, para mí, es aquella que mezcla lo mejor de la herencia clásica con las tendencias y estilos actuales. No se inclina por dudosas demostraciones “vanguardistas”. Vallejo fue vanguardista y ahora es un clásico, pero sigue siendo joven. Y pudiéramos ir más lejos. Garcilaso de la Vega, cinco siglos después, sigue siendo joven: sus sonetos están vigentes, tanto como en sus inicios renacentistas.
La poesía joven respira libre, con esfuerzo formal y con un ligero desenfado. La lozanía y juventud no tienen nada que ver con la edad del poeta. Es un asunto de temperamento, de cómo se asuma el oficio poético.


Tomado de la siguiente dirección:


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***

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***

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pero en la taza
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con los ojos cerrados