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Rainer María Rilke




RESURRECCIÓN DE LÁZARO

Pues bien, esto fue preciso para aquel y el otro,
ya que ellos necesitaban pruebas que gritasen.
Pero él soñaba que a Marta y María
debía bastarles el sentir
que era capaz. Pero ninguno lo creía,
todos decían: Señor, ¿a qué vienes tú ahora?
Entonces se dirigió resuelto a operar lo prohibido
en la tranquila naturaleza.
Más iracundo. Los ojos casi cerrados,
preguntóles por la tumba. Sufría.
Les pareció que le afluían lágrimas
y se agolpaban llenos de curiosidad.
Mientras caminaba le parecía monstruoso,
un juego terrible su intento,
pero de pronto brotó en él una alta
llama, una oposición tal
frente a toda indiferencia
entre estar vivo y estar muerto,
que la hostilidad le invadía todos los miembros,
cuando con ronca voz gritó: ¡Levantad la piedra!
Una voz dijo que ya olía mal
(pues era ya el cuarto día). Pero Él
se mantuvo enhiesto, lleno de aquella señal
que ascendía en él y que pesaba, muy pesadamente
le hizo alzar la mano (jamás una mano
se alzó tan lenta como esta y tan alta)
hasta quedar inmóvil como suspendida en el aire;
y allí, en lo alto, se contrajo en garra:
pues le aterrorizaba ahora que todos los muertos
quisieran regresar a través de la succionada
fosa, donde uno de ellos, cual entumecida larva,
se incorporaba ya de su posición horizontal.
Pero entonces se irguió solo. Uno vacilante a la luz,
y se le vio cómo trataba de enderezar de nuevo
sus pasos por la vida imprecisa y vaga. 


Traducción de Jaime Ferreiro Alemparte

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hay
un río en mi memoria

de niño cantaba para desviar
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pero miraba hacia atrás
el río crecía y me inundaba

ahora ya viejo
junto a las piedras
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mis pies apenas lo soportan

***

Vaca
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tus ojos
no saben
mirar más acá del establo.

nada es más grande
cuando levantas
testaruda la trompa

las moscas en tus ancas

vaca
yo no soy más
grande yo no es

***

ella
me trae el café
a mí me gusta
un poco fuerte y negro

ella
se levanta y deja en un olvido
la taza sobre la mesa

nunca he querido hablarle
más de mí
pero en la taza
de reojo la vi
lenta y hermosa

ruego para esta mujer
tenerla fuera
de mi mezquina forma
de tratar la bondad del campo
con los ojos cerrados