Ir al contenido principal

Rafael Arozarena (Santa Cruz de Tenerife, 1923-2009)





NO SABEMOS POR QUÉ NOS PLANTARON

No sabemos por qué nos plantaron en el huerto.
Alguien puso nuestros pies en la tierra
y una capa nos echaron sobre los hombros.
Así fuimos en la noche para espanto de los búhos
inmóviles, inmovibles
hombres de paja.
Nos hacía mucha gracia después de todo
que nuestros brazos en cruz fuesen señalados
y que pensaran algunos
en la inútil pantomima del vuelo.
Algunos dijeron: os perdonamos
creyendo
que pedíamos clemencia. Otros
nos amaron tontamente
                      y pregonaban
el valor del sacrificio.
La noche era fría y se hizo necesaria nuestra quema.
Y nos hizo mucha gracia cuando nos prendieron fuego.
Ardimos toda la noche.
Ardimos como seres vivientes.
Alumbramos el contorno del huerto,
                   dimos calor
                                        y los gallos
creyendo el alba
cantaron toda la noche.
Y tenía gracia para nosotros
inmóviles, inmovibles hombres de paja,
que cantaran los gallos.


Tomado de la revista Poesía, número 95/96, p. 24 (Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo,Valencia, Venezuela, 1993).

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ángel Eduardo Acevedo (Guárico, Venezuela, 1937)

Tres poemas de Rowena Hill (Cardiff, Gales, 1938)

Tres poemas de Reynaldo Pérez Só

Cruel hasta el fondo
hay
un río en mi memoria

de niño cantaba para desviar
el curso
de ese río
pero miraba hacia atrás
el río crecía y me inundaba

ahora ya viejo
junto a las piedras
el río me sacude
mis pies apenas lo soportan

***

Vaca
te toco los cuernos
tus ojos
no saben
mirar más acá del establo.

nada es más grande
cuando levantas
testaruda la trompa

las moscas en tus ancas

vaca
yo no soy más
grande yo no es

***

ella
me trae el café
a mí me gusta
un poco fuerte y negro

ella
se levanta y deja en un olvido
la taza sobre la mesa

nunca he querido hablarle
más de mí
pero en la taza
de reojo la vi
lenta y hermosa

ruego para esta mujer
tenerla fuera
de mi mezquina forma
de tratar la bondad del campo
con los ojos cerrados