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Francisco José Cruz (Sevilla, 1962)

 
"...es imprescindible reparar –cosa que olvidamos con frecuencia, al menos en España– en que no hay una poesía hispanoamericana de un lado y española del otro, a manera de una balanza cuyo fiel se mantuviera en el centro porque sus platillos pesaran lo mismo. En realidad, cada país ha formado su propia tradición poética, acorde con las lecturas que las generaciones han ido haciendo unas de otras, tomando siempre de referencias inmediatas a poetas del mismo país, aunque a la larga, necesariamente, las influencias lleguen de lejos e incluso de otros idiomas. La figura que convendría a esta situación, después de quinientos años de compartir la misma lengua, podría ser una estrella de tantas puntas como países la hablan. Lógicamente, una de estas puntas, nada más que una, representaría a España. Sólo con una idea coherente de las relaciones internas entre movimientos y soledades de cada tradición lograremos que, al hablar de generaciones, las fronteras no sean geográficas, sino estéticas. Esto daría un estado de intercambio natural y continuo que no se da hoy, pues muchas veces desconocemos a los poetas que escriben junto al que estamos leyendo y a los que empezaron a escribir antes que él y entre los cuales el poeta construye su mundo. No estoy proponiendo un listado de enciclopedia, sino el esfuerzo concreto y suficiente para entendernos mejor".


Fragmento del ensayo Poesía española e hispanoamericana: una dicotomía falsa, leído en el XI Festival Internacional de Poesía de Bogotá, septiembre de 2003. Pueden leer el texto completo aquí. 
 

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Cruel hasta el fondo
hay
un río en mi memoria

de niño cantaba para desviar
el curso
de ese río
pero miraba hacia atrás
el río crecía y me inundaba

ahora ya viejo
junto a las piedras
el río me sacude
mis pies apenas lo soportan

***

Vaca
te toco los cuernos
tus ojos
no saben
mirar más acá del establo.

nada es más grande
cuando levantas
testaruda la trompa

las moscas en tus ancas

vaca
yo no soy más
grande yo no es

***

ella
me trae el café
a mí me gusta
un poco fuerte y negro

ella
se levanta y deja en un olvido
la taza sobre la mesa

nunca he querido hablarle
más de mí
pero en la taza
de reojo la vi
lenta y hermosa

ruego para esta mujer
tenerla fuera
de mi mezquina forma
de tratar la bondad del campo
con los ojos cerrados