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Un soneto de Garcilaso


La dicción de cada poema, de cada giro, de cada hipérbaton, deja cierto eco placentero que cae muy bien; ese acento español renacentista, algo tosco por momentos, pero siempre abierto a las quejas del amante desdeñado.


XXXVII



Amor, amor, un hábito vestí
el cual de vuestro paño fue cortado;
al vestir ancho fue, más apretado
y estrecho cuando estuvo sobre mí.

Después acá de lo que consentí,
tal arrepentimiento me ha tomado,
que pruebo alguna vez de congojado,
a romper esto en que yo me metí.

Mas ¿quién podrá de este hábito librarse,
teniendo tan contraria su natura,
que con él ha venido a conformarse?

Si alguna parte queda por ventura
de mi razón, por mí no osa mostrarse;
que en tal contradicción no está segura.

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