lunes, 18 de agosto de 2014

Nombrar cada descubrimiento

Diómedes Cordero



“Solo me limitaré a reconocer / un dios para cada cosa que vea. / A temerle a la noche. A nombrar cada descubrimiento.” Quizás entre estos versos finales de “Primitivo”, el primer texto de los veinticuatro de la parte “I”, que con los diez de la parte “II”, conforman Andamios (Caracas: Editorial Equinoccio, 2012), IV Premio Nacional Universitario de Literatura, Mención Poesía, del joven poeta y ensayista Néstor Mendoza, y los epígrafes principales del libro, de José Watanabe:“Las palabras no nos reflejan como los espejos, así exactamente, / pero quisiera. / Escribo con una pregunta obsesiva en las orejas: / ¿Es esta la palabra exacta o es el amague de otra / que viene / no más bella sino más especular?”, y de Emilio Adolfo Westphalen: “Tan incrustado en el instante / que ni siquiera se nota si respira”, se podría especular, ya sea en el sentido de la reflexión o en el del pensamiento, sobre la posible poética que articule la serie de acontecimientos que desarrollados en el tiempo de la lectura se suele tomar como un texto poético único, completo y autorizado.

Sin las falacias del intencionalismo, por una parte, y de la investigación histórica y biográfica, por la otra,  que remitirían la búsqueda y las respuestas sobre la posible poética de Andamios a un tiempo anterior a la obra, la temporalidad de la creación, que se funda retrospectivamente en el acto de interpretación, depende del efecto en el presente que produzcan las palabras escritas en un presente diferente, en el pasado por otra persona. El texto sigue siendo escrito mientras siga siendo leído: la lectura es realizada por el acto de la escritura mediante procedimientos interpretativos. Y sería en el deseo de que las palabras pudieran reflejar/especular la experiencia de lo real en una temporalidad del presente, semejante a la que Josefina Ludmer considera que modula la especulación literaria y política, social y cultural, desde la primera década de este siglo, de América Latina, en la que “el presente acarrea una transformación de la experiencia del tiempo: deviene en una mutación de las experiencias históricas”; es decir, la presentidad del presente: el instante como posibilidad de nombrar de nuevo la experiencia de lo real, manifestada como una revelación, tal como lo expone Stalin Gamarra en El corazón sin abandono, y que en Mendoza se manifestaría como una experiencia individual y subjetiva expuesta (objetivada) poéticamente.

Esta pareciera ser la singularidad poética de Andamios, la que nace de la observación del presente como el tiempo propicio para nombrar, como si fuera la primera vez, los referentes de una serie de acontecimientos (objetos, sujetos,  ideas, conceptos, lenguajes, memorias, experiencias, revelaciones, lugares, situaciones, tiempos, temporalidades, emociones, intuiciones, discursos,  representaciones, conductas, morales, religiones, ideologías, políticas, economías, artes, historias, prácticas, sistemas, paisajes, culturas), que parecen existir en el afuera del tiempo cronológico, como si nadaran o flotaran en una temporalidad presente sin anterioridad (pasado) ni posterioridad (futuro). Mendoza operaría como tocólogo de lo real: un poeta que, así como el obstetra contribuye con el parto de la vida, mediante una observación singular produce, formas de advenimiento de la atención, de la inmediatez de la percepción libre de la presencia de la interlocución, que traducidas en el poema crean (paren) la inmanencia de lo poético: la revelación profana de la experiencia de lo real cercana a las prácticas de lo sagrado de un dios no persona, en una especie de contravía de la ortodoxia cristiana.

Mendoza, con inusual madurez y plenitud, como el feto de “Podálico”: “Estoy tan a gusto / nadando en este liquido / prestado por mi madre”, “naturaliza”  la presentidad del presente, bucle jakonsiano sobre la temporalidad del presente, eternizando, con un fraseo pulcro, directo, desnudo, concreto, la objetivación poética de la experiencia de lo real de un sujeto poético, entre la fragilidad y la descomposición de la existencia, y que a la manera de un Armando Rojas Guardia, sin la intensidad religiosa de este, consideraría que “vivir poéticamente es cultivar la dimensión simbólica de la conciencia, aprender a adiestrase más y más en una verdadera hermenéutica simbólica de la realidad, para la cual los objetos, las situaciones y los hechos son sacramentos que incesantemente remiten a un orden trascendente (se trata de la sacramentalidad de la realidad creada: los objetos, las situaciones y los hechos, empezando por los más cotidianos, sacramentalizan el orden y la belleza del universo: se vive poéticamente al captarlos de esa manera y encararlos así)”.

Néstor Mendoza alcanzaría en Andamios la realización (realizar y ser realizada) de la obra poética como singularidad: ser leída e interpretada, por medio de la puesta en juego, la experimentación y la transformación del conjunto de lenguajes, códigos y convenciones que constituyen la institución de lo poético, lo literario y lo cultural: lo que una vez escrito y cada vez leído potencia el descubrimiento de lo nombrado y su interpretación, como a los paseantes de “El puente”, texto que funciona como relación de las dos partes del libro: “ Los paseantes van de punta a punta con la / naturalidad acostumbrada / No hay asombro que les indique / una nueva interpretación”.

Reseña de Diómedes Cordero, publicada en su columna Montaje
"Papel Literario" de El Nacional (lunes 18 de agosto de 2014).
http://www.el-nacional.com/opinion/Montaje-Nombrar-descubrimiento_0_464953659.html



domingo, 20 de julio de 2014

Jamming Poético


















Domingo 27 de julio. 11:00 a.m.
Ateneo de Caracas.

Invitados:
María Gabriela Rosas
Oriette D'Angelo Cannizzaro 
Néstor Mendoza
Verónica Cento 
Franklin Hurtado 


jueves, 17 de julio de 2014

Lectura de poesía




Invitados:

Camila Ríos Armas
Néstor Mendoza
Sergio Quitral

Viernes 25 de julio   4:30 pm.


Café D' Artes (Urológico La Viña, primer piso, Valencia)