lunes, 23 de febrero de 2015

Entreversos #16



Mi intervención  completa en Entreversos, de Canal i (domingo 11 de octubre de 2014, 9:00 pm). En aquella oportunidad, el programa giro en torno a la poesía de Octavio Paz. Compartí junto con Jorge Palacios (moderador del programa),  el periodista Eduardo Rodríguez y el Ensamble de Música Venezolana.


viernes, 20 de febrero de 2015

Ebanistería medieval






Sextinario tiene una triple rareza y un triple propósito. Es una poética, un poemario y una antología. Y añado otra cualidad: la traducción. Estos cuatro elementos se involucran con una manifestación métrica de casi nulo entusiasmo en este balbuceante siglo XXI. Quien se ha atrevido a ofrecer esta extraña pieza de orfebrería medieval no suele ser reconocida (o, al menos, conocida) como poeta. No es frecuente verla (no está, no la he visto) en los índices o sumarios de las compilaciones de poesía venezolana. Explicaré lo obvio: Sextinario es un libro de y sobre sextinas. Si necesita un adjetivo, sería el de polivalente. Está la poeta, la investigadora, la traductora y la compiladora.
Un gran y conocido antecedente, en nuestra lengua, es el peruano Carlos Germán Belli. En su obra desfilan este tipo de estructuras métricas. Fue él quien me acercó a ellas. Me atrajo la sorpresiva secuencia de los versos y los sentidos que estos adquieren al pasar de una estrofa a otra. De ahí mi interés, no sé si infructuoso, de escribir “Sextina con saudade”, la cual forma parte de un libro inédito.
Conocía a Ana Nuño en su rol de sobria, culta y afilada columnista del Papel Literario, cada domingo y en su espacio “Falso cuaderno”, ahora ausente. Las voces encontradas (1989) es su primer poemario. Ha escrito y subrayado sus ideas con firmeza, en temas tan variados pero no excluyentes entre sí: política, cine, literatura, arte y filosofía. Redacta sin venda ni chantaje. Vive desde hace casi dos décadas en Barcelona, España. Desde la ciudad catalana mantiene contacto periódico con el medio editorial venezolano. Hace poco apareció Nuño por Nuño, antología preparada y prologada por Ana sobre los aforismos de su padre, el conocido filósofo Juan Nuño.
Una generación literaria se edifica, a pesar de todo, con las omisiones. En la gran pizarra generacional los tachones también cuentan. Están los agrupados y los desagrupados, los que logran afianzarse y los que llegan y se sujetan a destiempo. Sextinario es un islote con fauna variadísima y flores y frutas inclasificables. Tiene dos ediciones: la primera a cargo de la Fundación Esta Tierra de Gracia, Colección de poesía Rasgos Comunes (Caracas, 1999); y una segunda preparada por Randon House Mondadori, en su colección Debolsillo (Barcelona, 2002). Aun así, conseguir un ejemplar en librerías locales es improbable.  
Sujeto el libro y lo miro con ojo de naturalista alemán. Nuño ha invertido muchísimo tiempo en la elaboración de este libro. La composición requiere de un apostolado, y ella, a su manera, lo ha hecho. Muy visible es el motivo de cada sextina, el adecuado conteo métrico y la novedad que aparece con su buena dosis de cultismo y atrevimiento. No se puede dejar de mencionar el trabajo de selección y traducción, que demandan una dedicación personalizada y esmerada.   
Intento ubicar a Sextinario en algún espacio de nuestros anaqueles de poesía venezolana. Es un ave bifronte que sobrevuela en el invierno. Estaría junto a los palíndromos reunidos en Oír a Darío, de Darío Lancini, otro raro espécimen. Y si ampliamos la visión, podría anexar otro ejemplo y así completamos un tridente: Guitarra del horizonte de Sergio Sandoval (heterónimo de Eugenio Montejo). Tendríamos, con esto, tres manifestaciones: la sextina, el palíndromo y la copla glosada.
Nuño le ha dado un hermoso nombre a la sextina y ha delimitado su función: “joya negra que brilla sólo en la oscuridad”. No se equivoca: la sextina tiene un complejo engranaje. El trovador provenzal Arnaut Daniel la inventó, y con sus altibajos, no ha sido enterrada. Ana Nuño supera cierta ojeriza que desconfía o duda de las formas tradicionales. Ella sabe que también es factible transgredir desde la tradición: un retorno al pasado métrico que vence el absolutismo del verso libre.
Desde el prólogo de Sextinario, la autora expone públicamente su devoción por la forma y lo explica con la sinceridad que se espera y que el lector agradece. Hace una revisión y con originalidad ubica a la sextina en un horizonte, no en un peldaño o escalafón. Y yo agregaría lo siguiente: la sextina como forma métrica válida y vigente, que no compite sino que refresca y complementa. En tiempos de tartamudeos (“hipos tipográficos”, diría Nuño), la sextina se ve fortalecida desde sus entrañas. Con el derrumbe de las estéticas grupales cada poeta habita un ecosistema individual; y desde esa perspectiva ha de constituir sus propios antecedentes. 
La poeta está en un cuarto oscuro, da manotazos en el aire y espera que aparezca algo concreto, un lazarillo que la dirija o guíe. Es un cuarto oscuro, ciertamente, pero no una habitación de revelado fotográfico. Solo es un cuarto de tinieblas. La sextina puede ser ese brazo que dirige a Ana Nuño en el pasadizo de la creación poética. Hay poetas que necesitan publicaciones sucesivas, casi simultáneas, para dar con la forma que mejor se adapte. Las piezas deben encajar. Ana Nuño elige las barricas de roble para añejar sus poemas. Y ya sabemos cuánto puede tardar este proceso de envejecimiento. Ella misma lo ha mencionado en algún artículo de prensa: “Ahora no son clásicos, es decir, obras que alcanzan esta condición tras templarse en la fría mirada de generaciones de lectores, críticos e imitadores, sino la producción –aún humeante, en algunos casos a medio cocer– de cualquier reciente difunto, lo que se ve sometido al pasapurés editorial”.
Por ahora, solo está el libro y mi lectura ¿Qué se puede argumentar? Son poemas, no hay duda de ello. Desde cualquier ángulo son poemas. Tienen algo característico que los convierte en objetos de divertimento lúdico e intelectual. Hay medida sin castración. Basta una primera ojeada para notar la libertad de asociación y de elección del tema. Quien lea apreciará las versiones que Nuño hace de Petrarca. Notará el registro de lo amoroso y la finura de la exploración lésbica, la exhortación al joven poeta (jovial y festiva) y la contemplación de un paisaje físico que se confunde con la pretensión axiomática: “no existen los hechos, sólo hay estados/de ánimo como ese azul del cielo”. En muchos casos la reiteración de las frases es una manera de fijeza. Se intenta atrapar lo que la voz poética traduce, repite o transcribe. O lo que inventa o recuerda. De eso, y mucho más, se vale la sextina.  
Néstor Mendoza



jueves, 19 de febrero de 2015

Taller POESIA

Diseño: Faride Mereb

martes, 3 de febrero de 2015

Un poema de Arturo Gutiérrez Plaza (Caracas, 1962)




Memoria de una antigua amistad


                                             Para aquellos afectos devenidos camaradas



Ya nos veremos de nuevo
en esos lugares donde alguna vez
creímos que se haría infranqueable la amistad.
Después de todo esto,
cuando cesen los batallones
y se hayan recogido las cartas
nos descubriremos acodados sobre mesas sin trastos,
para vernos nuevamente
a la cara,
sin olvidar lo que creímos
—o por no olvidarlo—
pero sin borronear lo acontecido
desde aquel paréntesis hasta acá.
Y cuando llegue ese día,
lo sabemos, se nos hará difícil
encontrar las palabras comunes,
aquéllas que apartadas se refugiaron en libros
que ahora se nos antojan escritos
en extraños idiomas; aquéllas,
ahora degolladas en los desvencijados rieles de la Historia.
Entonces habremos de preguntarnos:
¿en qué calle ya no pudimos voltear?
¿en qué esquina dejó de ser por siempre la hermandad?



Este poema forma parte del libro Cuidados intensivos (Lugar Común, Caracas, 2014)

lunes, 26 de enero de 2015

Los oficios de Víctor Bravo






Primero conocí su oficio ensayístico. Dispuesto en alguna parte de mi biblioteca está Los poderes de la ficción, manoseado y con marcas de bolígrafo —si subrayas no olvidas, suelo repetirme; me gusta pensar que una línea o fragmento subrayados adquieren algún valor trascendente—. Es un libro culturalista sobre literatura fantástica, muy útil para estudiantes universitarios y para lectores con tiempo y disposición para leerlo. También conservo otro título: El señor de los tristes y otros ensayos. Entre los textos que lo conforman se encuentra uno sobre teoría poética, el cual leí con paciencia de orfebre para no perderme en su densidad bien escrita: "es posible entonces modificar la frase de Nietzsche, y decir: si la poesía no existiera, la vida sería un error".
Víctor Bravo suele tomar versos para titular sus libros. Lo hizo con uno de Rubén Darío (El señor de los tristes) y con uno de José Lezama Lima (El secreto en geranio convertido). Quizá esa misma cercanía con el poeta cubano lo ha dotado de un estilo con mayores pliegues en la prosa —y, en algunos casos, de visible complejidad discursiva—. O quizá solo es muestra de una elevación mayor y de difícil escalada; pero eso queda al gusto de cada lector, quien debe levantar la alfombra de mar y de lenguaje.
Después del ensayista conocí al editor. Se agradece la gentileza de quienes nos acercan a excelentes escritores poco frecuentados o escasamente conocidos. Al respecto, agradezco la cercanía amistosa de Francisco José Cruz, Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros y  Elías David Curiel, todos ellos publicados por la editorial merideña El Otro El Mismo, fundada y dirigida por Víctor Bravo. No hay gesto simulado en estas palabras: gracias al volumen Hasta el último hueso, siento admiración y conservo una amistad epistolar con el poeta Cruz. Y así con otros poetas. Como editor, Bravo dispone un repertorio en el mantel del mercado editorial venezolano. Y lo hace con su cuota de riesgos y aciertos, como toda empresa de este tipo. Tampoco puedo dejar de pensar en su empeño de descentralizar, ampliar y diversificar el eco de nuestros escritores nacionales, que tanto esperan ser oídos y leídos en otras regiones. Desde su fundación en 2001, parte de esa carencia ha sido enmendada por los esfuerzos de la editorial.
En apretadas líneas enumeraré parte de su ancha y diversa experiencia: es licenciado en Letras (LUZ), con una maestría en Literatura Latinoamericana (UNAM, México) y un doctorado en Literatura en la USB. Su extensa obra crítica ha recibido amplias distinciones y ha sido publicada en universidades extranjeras (como ejemplo, el libro José Antonio Ramos Sucre, poeta del mal y el dolor, reeditado por la Universidad de Salamanca en 1997). Desde lo oscuro (2004), su primer poemario, lo inicia en los oficios del ejercicio lírico. 
Víctor Bravo es, posiblemente, uno de los críticos  venezolanos más leídos y mencionados. Por puro ocio, sería interesante averiguar cuántos fragmentos y citas de su autoría se encuentran dispersos en trabajos de grado, artículos y conferencias de jóvenes universitarios o investigadores. Claro, de seguro encontraremos a quienes añadieron su nombre en la bibliografía sin haberlo leído, práctica que, aunque tramposa, se traduce en una pequeña victoria a favor del autor, semejante a la de algunos clásicos: ser citados (cantados) y anónimos al mismo tiempo. Con esto no pretendo decir que Víctor Bravo es un clásico en términos absolutos, pero sí un lector “profesional” y freelance, agudo y exigente con sus necesarias y esforzadas facetas: ensayista, editor, poeta, investigador y profesor universitario. No es poca cosa, ciertamente.
A esta lista agrego su desempeño principal: la de crítico literario. Si bien se nota la inevitable voz del especialista y académico, sazonada con el dictamen teórico, Víctor Bravo a veces se deja llevar por el compás irregular de la prosa. ¿Quién puede determinar firmemente cuándo calla el crítico literario y cuándo habla el ensayista? En ese fluir de palabras encuentro este fragmento de nuestro autor, que sorprende por su precisión y pertinencia, muy afín con las vertientes actuales de pensamiento: "Sólo una nación de ciudadanos y de contención del poder podrá multiplicar los lectores de la poesía moderna, aquella que se aleja de toda celebración del poder y se instala en el centro de la conciencia crítica". 

Néstor Mendoza

Publicado en la revista La Iguana de Tinta 
(revista de la Filuc, octubre de 2014, Nro. 14, pág. 7).