jueves, 11 de septiembre de 2014

Poesía por mandato

Gentilmente, el traductor, escritor y profesor Guillermo Parra ha vertido al inglés mi pequeño ensayo sobre Poesía por mandato, antología de Juan Calzadilla. Guillermo (Cambridge, 1970) reside en los Estados Unidos y es uno de los principales promotores de la poesía venezolana en tierras norteamericanas. Administra desde hace tiempo el blog Venepoetics.  





Poesía por mandato. Antología personal, de Juan Calzadilla 

Poetry by Mandate: Personal Anthology, by Juan Calzadilla


Words don’t reflect us like mirrors, exactly,
though I would hope so.
I write with an obsessive question in my ears:
Is this the exact word or is it the echo of another one
arriving
not more beautiful but more speculative?
José Watanabe


Néstor Mendoza 


I return to Juan Calzadilla’s writing, after several years of opportune silence. I have voluntarily allowed it to become a natural pulse. I stopped reading him with an adolescent fruition: now I approach him with the necessary tranquility so as to not say too much or too little, to not fall for the embrace that compresses or the forced greeting. 

As I write these notes I appeal to strangeness. If a poet is capable of resisting second and third readings, after years of rest and forgetfulness, then he has attained the virtue of permanence. The voluntary distancing clears up the arguments somewhat, defines the outlines more clearly. I’ve been able to corroborate this in his poem “Los cazadores orantes” [The Praying Hunters]; the long breath of the versification, the measured and delicate description that renews taste and closeness: “Mystery shelters / and turns the dusk clouds into a prodigy / of the image that while sliding by / leaves only the mobile resonance / of a frond changing colors.”

I warm up, stretch my muscles and prepare myself for this new contact. It’s no longer about habitual topics, about the I that fragments itself or about the city’s contradictory pedestrians. What attracts me isn’t the meta-textual discourse, that tends to seduce at first glance. Now I search the folds and wrinkles, the slight whistling to be found inside the shell. Calzadilla is more stimulating whenever he momentarily eludes the reflections of alterity: when he forgets about the hall of mirrors.

Since approximately two decades ago, nearly all his publications have appeared as anthologies. The texts configure new volumes: they occupy a new place and a new distribution. One might say it’s a game in which the cards (pieces, poems) permute their original positions, in this way achieving new readings and visions. He has expressed this in his own work: “My mobility is what brings it to life.” Calzadilla is a proofreader, incisive and demanding.

We could highlight one thing: in this recent book, our poet has defined his texts discursively and thematically. Poesía por mandato gathers lyrical poems in dialogue with meta-fictional writing; in other words, poems with diverse motives, poetic prose, glosses, microfictions and aphorisms. A book with these qualities changes the critical perspective. You begin to have doubts regarding the borders of genre, the distribution of texts, the prose and the verses. This compilation, as Calzadilla has so opportunely subtitled it, is a “personal” anthology and not a “poetry” anthology. Maybe he’s trying to clear up for us that, besides poems (according to the traditional manner of conceiving them), there are also other expressive varieties that coexist, all those facets he has explored. His writing, varied and elastic, doesn’t transit through one single terrain; on the contrary, it bifurcates, branches and extends. Poesía por mandato is a meta-anthology, a major anthology.

I try to take an inventory of the titles he’s released up to now. There are many of them, no doubt. He’s a prolific poet: the number of anthologies is likewise numerous. Placed in perspective, it’s possible for one to believe that this eagerness for publication and corrections follows a concrete motive: the definitive piece, carved over and over. For Calzadilla, the poem is perfectible and fallible. I can almost recreate a hypothetical scene: an old artisan who isn’t satisfied with the final touches on a piece, who returns to it, with rigor and watchfulness, and displays it generaously for everyone to see.

This Poesía por mandato isn’t dictated by a pack of hounds but rather by serenity and reflection. It tends toward the free theorization of the poem, the ironic precept. Calzadilla argues and orients: he narrates, displays, argues, describes, dialogues, gives orders.

Calzadilla’s oeuvre is tinged by a certain degree of culture: citations, epigraphs, mentions and reinventions of certain passages in art and literary history (Bretón, Balzac, Rodin, Picasso, Pessoa, Ithaca, Ramos Sucre, Reverón). Each one of those presences, in this symphonic colloquium, defines and articulates his style (his styles).

Poesía por mandato accomplishes what Gustavo Guerrero has called transversal writing, which “blends different genres of discourse and often plays with the borders of the literary institution.” The consolidated valorization of him as an urban poet, belonging to the city, becomes diffuse. Calzadilla’s motivations aren’t thematic but instead discursive. The topic lies beneath the great skin of the discourse.



Texts read during the presentation of the book Poesía por mandato. Antología personal, by Juan Calzadilla (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2014); at the 11th World Poetry Festival of Venezuela 2014.



{ Néstor Mendoza, Monte Ávila Editores, September 2014 }

jueves, 4 de septiembre de 2014

DIARIO

Jueves 4 de septiembre

Escribir es un comienzo. Escribo estas líneas, hace calor y dejo que esa mínima muestra de sudor corra con su propio ritmo.

Escribir debe servir para algo, es decir, escribir de esta manera y con “intensiones literarias”. Sé que tiene escaso valor, que no salvará a nadie y eso está muy bien. Es solo una terapia pasajera, de poca duración. Es mi terapia. El ego que solo me sirve a mí, el ego del yo. Prefiero la armonía del silencio, aunque a veces cuesta mucho. Hace unos meses empecé a escribir una especie de diario. Llegué a unas cuarenta páginas. Hoy reviso algunos fragmentos y no soporto tantas alusiones directas a la realidad. Es intolerable. Hoy escribo y tomo cierta distancia. La apatía esconde un saco lleno de indignación y miedo. 

martes, 26 de agosto de 2014

Entreversos




El pasado domingo 31 de agosto estuve en el programa Entreversos de Canal i.  La cita fue a las 9:00 p.m. Compartí junto con Jorge Palacios (moderador del programa),  el periodista Eduardo Rodríguez y el Ensamble de Música Venezolana. Noche de mucho nervio, música y versos de Octavio Paz. Buena jornada. 

Foto: Patty Oliveros


lunes, 18 de agosto de 2014

Nombrar cada descubrimiento

Diómedes Cordero



“Solo me limitaré a reconocer / un dios para cada cosa que vea. / A temerle a la noche. A nombrar cada descubrimiento.” Quizás entre estos versos finales de “Primitivo”, el primer texto de los veinticuatro de la parte “I”, que con los diez de la parte “II”, conforman Andamios (Caracas: Editorial Equinoccio, 2012), IV Premio Nacional Universitario de Literatura, Mención Poesía, del joven poeta y ensayista Néstor Mendoza, y los epígrafes principales del libro, de José Watanabe:“Las palabras no nos reflejan como los espejos, así exactamente, / pero quisiera. / Escribo con una pregunta obsesiva en las orejas: / ¿Es esta la palabra exacta o es el amague de otra / que viene / no más bella sino más especular?”, y de Emilio Adolfo Westphalen: “Tan incrustado en el instante / que ni siquiera se nota si respira”, se podría especular, ya sea en el sentido de la reflexión o en el del pensamiento, sobre la posible poética que articule la serie de acontecimientos que desarrollados en el tiempo de la lectura se suele tomar como un texto poético único, completo y autorizado.

Sin las falacias del intencionalismo, por una parte, y de la investigación histórica y biográfica, por la otra,  que remitirían la búsqueda y las respuestas sobre la posible poética de Andamios a un tiempo anterior a la obra, la temporalidad de la creación, que se funda retrospectivamente en el acto de interpretación, depende del efecto en el presente que produzcan las palabras escritas en un presente diferente, en el pasado por otra persona. El texto sigue siendo escrito mientras siga siendo leído: la lectura es realizada por el acto de la escritura mediante procedimientos interpretativos. Y sería en el deseo de que las palabras pudieran reflejar/especular la experiencia de lo real en una temporalidad del presente, semejante a la que Josefina Ludmer considera que modula la especulación literaria y política, social y cultural, desde la primera década de este siglo, de América Latina, en la que “el presente acarrea una transformación de la experiencia del tiempo: deviene en una mutación de las experiencias históricas”; es decir, la presentidad del presente: el instante como posibilidad de nombrar de nuevo la experiencia de lo real, manifestada como una revelación, tal como lo expone Stalin Gamarra en El corazón sin abandono, y que en Mendoza se manifestaría como una experiencia individual y subjetiva expuesta (objetivada) poéticamente.

Esta pareciera ser la singularidad poética de Andamios, la que nace de la observación del presente como el tiempo propicio para nombrar, como si fuera la primera vez, los referentes de una serie de acontecimientos (objetos, sujetos,  ideas, conceptos, lenguajes, memorias, experiencias, revelaciones, lugares, situaciones, tiempos, temporalidades, emociones, intuiciones, discursos,  representaciones, conductas, morales, religiones, ideologías, políticas, economías, artes, historias, prácticas, sistemas, paisajes, culturas), que parecen existir en el afuera del tiempo cronológico, como si nadaran o flotaran en una temporalidad presente sin anterioridad (pasado) ni posterioridad (futuro). Mendoza operaría como tocólogo de lo real: un poeta que, así como el obstetra contribuye con el parto de la vida, mediante una observación singular produce, formas de advenimiento de la atención, de la inmediatez de la percepción libre de la presencia de la interlocución, que traducidas en el poema crean (paren) la inmanencia de lo poético: la revelación profana de la experiencia de lo real cercana a las prácticas de lo sagrado de un dios no persona, en una especie de contravía de la ortodoxia cristiana.

Mendoza, con inusual madurez y plenitud, como el feto de “Podálico”: “Estoy tan a gusto / nadando en este liquido / prestado por mi madre”, “naturaliza”  la presentidad del presente, bucle jakonsiano sobre la temporalidad del presente, eternizando, con un fraseo pulcro, directo, desnudo, concreto, la objetivación poética de la experiencia de lo real de un sujeto poético, entre la fragilidad y la descomposición de la existencia, y que a la manera de un Armando Rojas Guardia, sin la intensidad religiosa de este, consideraría que “vivir poéticamente es cultivar la dimensión simbólica de la conciencia, aprender a adiestrase más y más en una verdadera hermenéutica simbólica de la realidad, para la cual los objetos, las situaciones y los hechos son sacramentos que incesantemente remiten a un orden trascendente (se trata de la sacramentalidad de la realidad creada: los objetos, las situaciones y los hechos, empezando por los más cotidianos, sacramentalizan el orden y la belleza del universo: se vive poéticamente al captarlos de esa manera y encararlos así)”.

Néstor Mendoza alcanzaría en Andamios la realización (realizar y ser realizada) de la obra poética como singularidad: ser leída e interpretada, por medio de la puesta en juego, la experimentación y la transformación del conjunto de lenguajes, códigos y convenciones que constituyen la institución de lo poético, lo literario y lo cultural: lo que una vez escrito y cada vez leído potencia el descubrimiento de lo nombrado y su interpretación, como a los paseantes de “El puente”, texto que funciona como relación de las dos partes del libro: “ Los paseantes van de punta a punta con la / naturalidad acostumbrada / No hay asombro que les indique / una nueva interpretación”.

Reseña de Diómedes Cordero, publicada en su columna Montaje
"Papel Literario" de El Nacional (lunes 18 de agosto de 2014).
http://www.el-nacional.com/opinion/Montaje-Nombrar-descubrimiento_0_464953659.html



domingo, 20 de julio de 2014

Jamming Poético


















Domingo 27 de julio. 11:00 a.m.
Ateneo de Caracas.

Invitados:
María Gabriela Rosas
Oriette D'Angelo Cannizzaro 
Néstor Mendoza
Verónica Cento 
Franklin Hurtado